EL LEÓN NO ES COMO LO PINTAN: A LOS “MIGAJEROS” DEL CUAAD LOS TIENEN EN EL OLVIDO

De poco sirve presumir la FIL, los festivales de cine y las exposiciones de lujo, cuando hay estudiantes tomando clases en condiciones indignas, sin sombra, sin ventilación y sin espacios dignos donde comer o siquiera descansar.

Eso está ocurriendo, sin maquillaje, en dos sedes del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) de la Universidad de Guadalajara: Santa María de Gracia y San Agustín. Y por más que la administración universitaria lo niegue o lo minimice, los datos y las voces estudiantiles lo confirman: hay abandono, hay rezago, y hay una evidente discriminación presupuestal.

Mientras Huentitán (la sede más nueva del CUAAD) presume inversiones millonarias y nuevas construcciones, Santa María y San Agustín se caen a pedazos. Literal.

Ambas sedes están en edificios históricos del centro tapatío: uno fue el primer convento femenino de Guadalajara y el otro, el antiguo convento de San Agustín. Esa etiqueta patrimonial que debería ser motivo de orgullo, se ha convertido en sinónimo de olvido.

Tan solo en 2024, el presupuesto asignado al CUAAD fue de más de 48 millones de pesos, pero apenas el 5% se destinó a infraestructura física. Peor aún, según un documento oficial obtenido por transparencia, “no existen proyectos aprobados para rehabilitar” estos planteles. Ni techos, ni sombras, ni sillas decentes.

En contraste, solo para la segunda etapa del CRAI en Huentitán, se destinaron casi 5 millones de pesos. ¿Y para las otras sedes? Nada. Ni una intervención menor, ni un espacio para exponer, ni un ventilador.

Y mientras la universidad destina 10 millones de pesos a festivales, ferias y eventos mediáticos, los alumnos de Artes Escénicas tienen que poner de su bolsa para el vestuario, el transporte y hasta para contratar músicos. Lo mismo pasa con los de Música, que denuncian la falta de instrumentos funcionales y equipo adecuado.

Una de las estudiantes entrevistadas comentó que, con el presupuesto destinado a eventos como la FIL, podrían al menos destinarse recursos a mejorar los salones donde actualmente toman clases.

Desde la misma universidad se ha reconocido que no existe un sistema de préstamo de materiales, y que si lo hubiera, implicaría “corresponsabilidad estudiantil”. Pero los estudiantes ya están poniendo todo: tiempo, dinero, esfuerzo. ¿Qué más quieren?

La retórica oficial presume “inversión en cultura e infraestructura”, pero en los informes del CUAAD ni siquiera aparecen obras nuevas para Santa María o San Agustín.

Se excusan en que los edificios son patrimoniales y no se pueden modificar. Pero especialistas en conservación, como la arquitecta Arabella González, dejan claro que sí se pueden hacer adecuaciones funcionales sin afectar la estructura. Es decir: no es que no se pueda, es que no se quiere.

La realidad es esta: hay estudiantes que no tienen dónde presentar sus proyectos, que estudian bajo el sol, que no tienen baños en condiciones, que ni siquiera cuentan con un auditorio digno. Y a eso, desde otras sedes de la misma universidad, les llaman “migajeros”.

Así están las cosas en la Universidad de Guadalajara. Mucho discurso, muchos reflectores, mucha pose de modernidad… pero si rascamos tantito, el león no es como lo pintan.

VIEWS NOTICIAS / ABIGAIL OCHOA